Nada se puede comparar a un jamón ibérico de bellota, aunque tiene unos cuantos "primos" por el mundo

Los “equivalentes” extranjeros del jamón ibérico

Quizá te suene pretencioso o exagerado, pero el jamón ibérico de bellota es un producto único en el mundo. Y si no, ¿por qué crees que quienes viven fuera de España lo echan tanto de menos? Porque hay “equivalentes” extranjeros del jamón ibérico, por supuesto, pero en ningún otro rincón del mundo se elabora un manjar similar. 

Podrías pensar que los habitantes de otros países dirán lo mismo de sus productos patrios, pero los extranjeros que prueban nuestro jamón también se enamoran de él. Por lo tanto, la adoración por este producto es universal: el jamón ibérico de bellota conquista paladares de cualquier parte del mundo.

No obstante, sabemos que a veces no valoramos debidamente lo que tenemos hasta que lo sometemos a comparativas. Por eso, hoy vamos a invitarte a “viajar” con nosotros para que conozcas los equivalentes extranjeros del jamón ibérico 😉

 

 

También español, ¡pero no ibérico!

Aunque parezca mentira, todavía se produce cierta confusión cuando se habla de un jamón serrano y uno ibérico. Y es que los dos productos son españoles…y hasta ahí llegan las características comunes.

Para empezar, el jamón serrano y el ibérico provienen de animales distintos. El jamón serrano pertenece a un cerdo blanco (primo lejano del ibérico) que además se cría en extensivo en la mayoría de los casos, basando su alimentación en el pienso. Tiene diferentes cualidades en función de su tiempo de curación, pero se distingue fácilmente porque su carne es más rosácea y apenas cuenta con grasa infiltrada.

El equivalente extranjero al jamón ibérico más “picante”

Aunque en Portugal también se crían cerdos ibéricos (normalmente en dehesas de alcornoques y no de encinas), tienen su propia forma de elaborar el jamón. La más popular consiste en cortarle la pezuña y dejarlo secar cubierto de pimentón. Es el conocido como ‘presunto’, que normalmente es de cerdo blanco.

Ahora bien, en la región del Alentejo, prolífica en paisajes adehesados, también se elabora un jamón ibérico (‘presunto de porco preto’) más pequeño que el español, pero con similares características de curación.

El jamón del país de la pasta

Uno de los “equivalentes” extranjeros del jamón ibérico más populares es el prosciutto di Parma italiano, cuyo sabor nada tiene que ver con el ibérico español.

La elaboración de este tipo de jamón se remonta a la antigua Roma y consiste en una cuidada limpieza de la pata, eliminando hasta su grasa, para proceder posteriormente a una curación en sal marina que puede prolongarse hasta dos años. Su sabor es algo dulce, e incluso menos intenso que el del serrano, quizá porque los cerdos italianos se suelen alimentar de castañas.

Oh là là, jamón francés

Dentro de los numerosos tipos de jamones que se elaboran en Francia, el de Bayona es el más afamado y consumido. Su proceso de curación con sal es similar al del jamón ibérico de bellota, pero la gran diferencia radica en la raza de cerdo empleada. Se trata del gran cerdo blanco inglés (‘largue white’) que en Francia se suele alimentar de cereales, pastos y maíz.

Una característica curiosa de este jamón es que, en el tramo final de su curación, se cubre de una pasta hecha con harina de arroz y grasa del propio cerdo. El sabor de su carne es más salado y la textura es ligeramente más cruda que la del jamón serrano.

El equivalente extranjero al jamón ibérico más “flamenco”

Compartida entre Francia, Bélgica y Luxemburgo, la bella región de Ardenas cuenta con su propio “equivalente” del jamón ibérico, que se elabora a partir de los cerdos de la zona y que se somete a un proceso de ahumado en frío antes del secado. Ese ahumado se consigue gracias a la quema de madera de hayas y robles, con presencia también de plantas de enebro y tomillo. Tiene una carne jugosa y sabrosa, con un aroma un tanto afrutado.

¡”Pezuña negra” no es igual a “pata negra”!

Si hablamos de los “primos” del cerdo ibérico no podemos olvidar a los mangalica húngaros, una raza autóctona de este país del este de Europa. En el siglo XX estuvo a punto de extinguirse, pero por fortuna se ha conseguido recuperar progresivamente.

El mangalica húngaro es un animal muy curioso, porque en invierno se va cubriendo de una extensa capa de lana (similar a la de una oveja). Sus pezuñas son negras y eso puede llevar a confundir sus jamones con los pata negra españoles, pero no tienen nada que ver. Cuentan también con grasa infiltrada, pero en menor proporción que el ibérico de bellota, por lo que su sabor es menos intenso.

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