¿Conoces al auténtico cerdo lampiño 100% ibérico?

Serán más o menos las 8:30 de la mañana y comienza a clarear. Estamos en el Campo de Argañán y tanto mis compañeros ibéricos como yo comenzamos a ponernos en marcha mientras, a lo lejos, escuchamos los gritos de Jose y Javier.

Como cada mañana, vienen a ver cómo hemos pasado la noche. A comprobar que todo está como debe estar: Llevamos lo menos cuatro meses libres por el Campo de Argañán, y… ¡esto es una maravilla! Nos ponemos ciegos a bellotas, hasta que no podemos más. Aunque claro, eso significa que hay que buscarlas. Y para buscarlas hay que andar. Por eso, nos damos unas caminatas de aupa: Andamos aproximadamente 14 kilómetros al día. Y eso no es ninguna tontería ¿eh? Mover estos 160 kilos que ya peso con estas patitas no es algo que pueda hacer cualquiera. Por eso, los lampiños estamos hechos de otra pasta.

Soy Oinc Tercero, un cerdo lampiño 100% ibérico.

Disculpen que no me haya presentado. Tengo un despertar muy malo y, pese a mi esmerada educación puramente ibérica, en ocasiones pierdo las formas.. Pero lo hago ahora: Soy Oinc Tercero, un lampiño de qualité. Para que nos entendamos, los Oinc venimos de una familia de bien, mi madre y mi padre (Oinc Segundo) eran ibéricos 100%, vamos, de lo mejorcito que hay. Y qué decir de mis abuelos: ¡La Leyenda de la Dehesa les llamaban!

Los lampiños somos cerdos ibéricos por derecho. De nuestros hermanos y primos, somos los de menor tamaño -pero ya sabes lo que dicen, lo bueno siempre va en frasco pequeño.

Pero no hay más que vernos: estoy fuerte y sano como una encina, mi piel es fina y de tonos negros y tengo unas patas finas y estrechas con las que, como he contado antes, me pateo el Campo de Argañán como si no hubiera un mañana: persigo las mejores bellotas. Y las encuentro.

No somos los únicos cerdos, ni los únicos ibéricos.

Ya sabes que como en vuestro caso, en los cerdos también hay diversidad de razas, colores y tamaños. A lo mejor por eso hay quien se lía y nos confunden. Entre nosotros, los ibéricos, hay de distintas clases pero, por decirlo claramente, los lampiños somos algo especiales. Somos especialitos y hay quien no nos quiere criar porque somos pequeños y engordamos más despacio, pero… ¿Quien quiere engordar rápido cuando tiene una grasa infiltrada única como la mía?

Nuestros parientes más cercanos son el cerdo ibérico retinto, el entrepelado, los cerdos de Torbiscal y los Cerdos de Mancha de Jabugo. Todos tenemos los mismos antepasados, pero en el aspecto físico tenemos algunas diferencias. Y te lo digo yo, que en alguna reunión familiar de esas que se hacen de ciento en viento, los he visto.

Los torbiscal, por ejemplo, son más altos que nosotros y tienen las patas más anchas. La mayoría tienen la piel entre clara y oscura y sus pezuñas, a diferencia de las mias, pueden presentar áreas despigmentadas (y, además, tienen las orejas más largas). Por eso, modestias aparte, nosotros somos más guapos: Y más ibéricos: ¡Nos conservamos así, puros e ibéricos, desde hace tantos años que ya ni me acuerdo!

Pero también hay cerdos que no son ibéricos. Se trata de los cerdos cruzados con la raza Duroc. Los conozco de un intercambio que hicimos una vez. Sus padres vienen de Estados Unidos y aunque están integrados en España desde 1988 aún tienen un acento raro (y un poco de sobrepeso). Estos cerdos ibéricos tienen el pelo largo y rojizo y las patas más gruesas que nosotros. Pero no nos intimidan: nosotros somos pequeños pero matones. Y nos conocemos la dehesa mucho mejor que ellos que, como quien dice, no salen del corral.

Y poco más por el día de hoy, la verdad. Espero que, con tiempo, pueda seguir contándoos cosas de esta dehesa nuestra del Campo de Argañán. Pero… dicho esto… ¡Os dejo! Me lio a hablar y ya no veo ni dónde está mi piara. Y, a la que me descuide, me dejan sin bellotas ¡En la dehesa el que no corre vuela!

¿Os imagináis un cerdo volador? ¡Hasta la próxima! ¡Oinc, oinc oinc!

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