legumbres y embutidos ibéricos

Las legumbres, complemento ideal para el embutido ibérico

Legumbres queridas. Leguminosas ibéricas y extranjeras. Legumbres odiadas por los niños. Leguminosas adoradas por los mayores. Vosotras, pequeñas semillas brillantes, habéis contribuido a la gastronomía española y mundial tan solo con vuestra mera presencia. Con vuestra capacidad de adaptación a sabores patrios y exóticos. Garbanzos, guisantes, alubias, lentejas, soja, judías y demás familia, hoy en Cerdoh! queremos daros un homenaje. ¡Va por las legumbres!

Por que, en una cocina en la que abundan las grasas saturadas, los azúcares refinados y las comidas rápidas, ahí perseveran nuestras queridas legumbres, dándonos la vida, con índices bajos en grasa y ricos en fibra. Con ese cariz desinteresado, tan de legumbre, nos aportan vitaminas, minerales y proteínas de origen vegetal para mejorar nuestra calidad de vida. Ahí es nada. ¡Cómo para no quererlas!

El embutidos y las legumbres, el matrimonio perfecto.

Pero claro, zapatero a tus zapatos. Desde tiempos ancestrales las legumbres y el embutido ibérico han mantenido un matrimonio perfecto. Una simbiosis de salud y sabor. Así, gracias a esta unión hoy podemos disfrutar de la fabada asturiana, los típicos garbanzos, o las lentejas estofadas, tres platos en los que el chorizo ibérico no puede faltar.

Pero no queda aquí la cosa. El jamón ibérico, en su estilo, también ha maridado a la perfección con las legumbres. Y para muestra, botones: platos menos contundentes pero igual de saludables. Platos como las judías verdes, los clásicos guisantes o la menestra de legumbres. Platos que van de maravilla acompañados con un poco de ibérico del bueno.

Las legumbres son también para el verano.

Y aunque estemos hablando de platos en los que el tradicional chup chup de la cocción nos ayuda a combatir el crudo invierno, lo cierto es que las legumbres son el ingrediente perfecto para platos refrescantes, ideales para bajar la temperatura en las tardes de verano. Lentejas, alubias y garbanzos, vinculados siempre a los rigores invernales, son cada vez más habituales en ensaladas fáciles de preparar. Y, a la vez, combinan a la perfección con todo tipo de verduras, frutas, carnes, pescados y mariscos.

E incluso podemos preparar platos de lo más veraniegos mezclando esas legumbres con frutas, embutido ibérico, quesos frescos y curados, o pollo asado o cocido. Todo vale, a todo se adaptan nuestras queridas legumbres.

El mundo sin fronteras de las legumbres.

Pero si arriesgamos, si nos vamos un poco más allá, podemos encontrar platos exóticos como el falafél, una delicia típica de la cocina hindú que se compone de croquetas elaboradas con garbanzos. O el hummus, una mezcla de garbanzos cocidos con tahini, ajo y zumo de limón originario de la gastronomía árabe.

Mención aparte merece la soja. Esta legumbre que hasta hace bien poco era una desconocida en nuestras cocinas es, hoy en día, un ingrediente fundamental para algunos veganos y es habitual verla en productos que consumimos en nuestro día a día como la leche, el pan, o las bebidas como zumos, batidos, y refrescos.

En definitiva, y para no dorar más la píldora a este manjar de dioses, tratemos de ser imparciales: una dieta equilibrada, con su dosis correspondiente de legumbres (dos veces a la semana) y su toque de ibérico, para que nuestra vida sea como la de una leguminosa: saludable, versatil y preparada para todo. E ibérica, claro.

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