Bienvenidos al Lomismo, amantes del lomo.

Dícese “Lomismo” al hábito de deleitarse con lomo ibérico de bellota en verano.

Por eso, como buenos “Lomistas”, en Cerdoh! te traemos varias formas de disfrutar de nuestra nueva religión: ¡El Lomismo!

Es sabido que en verano florece la carne, ¡pero qué carne! Ahí, tumbadita sobre su tumbona plexiglás, descansa una rodajita bronceada: ¡lomo ibérico de bellota!

El corazón se te acelera al mirarla… ¡y con razón! Menos mal que al degustarla, al mascar su corte fino y desgastarla con el paladar, sabes que lo cardiovascular estará bien cuidado.

Pero a veces, no es el corazón el que se exalta, sino la cabeza. ¡Y con razón! Tanto sol, tantas cosas que hacer y tan poco tiempo de placer; qué despiadado es desperdiciar un solo minuto de nuestro tiempo de asueto.

Pero es ahí, en esa vorágine veraniega, cuando aparece el lomo ibérico de bellota para coger el relevo de tu estrés. Para permitirte, en soledad, alargar los segundos con cada degustación: ¡Bendita soledad veraniega!

“Lomismo” con la familia.

Un día caluroso suena el teléfono. Que si tu cuñado reúne a la familia en casa. Que tu suegro se encarga del vino. Que tu hermana, empanada. Que tu hija, gusanitos. Que tu hijo dos manguitos, que quiere piscina. Que quiere piscina. Que quiere piscina. Que vale. Que viene el primo de Murcia, el que se casó con la sevillana. Y el fin de semana a la ranchera, toca zafarrancho familiar.

Tengo una idea: Cerdoh.com

Y llega el viernes. Y maletero lleno. Y atasco. Y calor en el coche. Y “¿nos falta mucho para llegar?” Y no. Y ya estamos. Y piscina, puertas del coche y gritos. Y besos, besos por todas partes. Y tu hermana ve lo que llevas. Y “qué buena idea la de comprar lomo ibérico de bellota. Y tu cuñado. “Y es ibérico de bellota”. Y sí. Y corta un poco. Y mano, rodaja y boca. Y…

Silencio. ¡Qué calma!

Es curioso el preparar un tentempié con lomo ibérico sobre la superficie del plato como si fuesen pétalos y ver las manos arrancándolos uno a uno: “lo quiero, lo quiero, lo quiero…”

Los niños juegan. -Hace un día perfecto-. Cuánta razón, cuñado. Batallitas. Puestas al día. Relax y a reponer minerales, que a eso también ayuda el lomo.

Cuánta razón cuñado: un día perfecto para nosotros, los “Lomistas”.

“Lomismo” con alguien.

Atardecer en un verano de cielo abierto. ¿Vamos a ver las estrellas, a pedir deseos? Sí. Entonces llega la manta de cuadritos, que irá al suelo. Servilletas y platos de plástico. Vino y, resplandeciente en papel de aluminio, unas rodajas de lomo ibérico de bellota: apuesta segura. Déjalo sobre el plato, que oxigene. Ponle unos picos de pan cerca y a disfrutar la velada.

Sonreímos. -Pero qué cutre eres envolviendo lomo ibérico en papel de aluminio-. Sonreímos.

Degustamos. Nos mezclamos. Más lomo. Y más. Al final, los picos solos y el vino a la mitad.
Mano en nuca, codo almohada. – ¡Mira, una estrella fugaz! Pásame otro poco de lomo-. No queda. – ¿No? Vaya, olvidé que si lo dices en voz alta el deseo no se cumple-.

Al día siguiente te preguntan los amigos, las amigas. –Fue genial: llevó lomo ibérico de bellota en papel de aluminio, ¿no es encantador?- Y los amigos, las amigas, se ríen; pero ¿cómo olvidar el regusto que un gesto así te deja en el alma?

“Lomismo” entre amigos.

Verano de final de la Champions. De Juegos Olímpicos o de mundiales de algo. Sobran las excusas para reunirse en casa. Ésta vez en la tuya. Aceitunas. Cerveza. Lomo ibérico, salchichón, chorizo y pan. Para una vez que nos juntamos todos, que no falte de nada. Y van llegando. ¿Una cerveza? Sí. ¿Eso es lomo? Sí. Y siguen llegando. Hay que cortar más lomo. ¡Qué bueno!

Y amistad divino tesoro, pero cómo vuela el lomo. Comienza el partido y con cada gol, brincos de júbilo y manos furtivas al platito de lomo. Y de nuevo a cortar. Bien sabido es que un anfitrión que ofrece lomo ibérico de bellota no puede separarse mucho de su cuchillo. Pero poco importa, pues la amistad, como el lomo, es antioxidante.

Cuando todo acaba, echas un ojo a las redes sociales y ves rodillas con un fondo de playa a pares. Y si en algún momento nace la envidia, recuerda que la buena compañía y el buen lomo ofrecen las mejores vacaciones.

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